Hola compañeros/as, el sábado pasado
me toco exponer sobre la ENSEÑANZA SITUADA, quiero añadir otros autores.
De acuerdo con Baquero (2002), desde la
perspectiva situada (situacional o contextualista, como le llama este autor), el aprendizaje
debe comprenderse como un proceso multidimensional de apropiación
cultural, pues se trata de una experiencia que involucra el pensamiento,
la afectividad y la acción. Se
destaca la importancia de la actividad y
el contexto para el aprendizaje y se
reconoce que el aprendizaje escolar es
ante todo un proceso de enculturación
mediante el cual los estudiantes se
integran de manera gradual en una comunidado cultura de prácticas sociales. En
esta misma dirección, se comparte la idea de que aprender y hacer son acciones inseparables. En
consecuencia, un principio nodal de este enfoque plantea que los alumnos
(aprendices o novicios) deben aprender en el contexto pertinente.
Esto implica que el individuo (en este
caso quien aprende, el alumno) deja de ser la unidad de análisis de la explicación psicológica, en
el sentido de que sus posibilidades educativas no recaen sólo en su
capacidad individual, sino que se destaca la potencialidad de las
situaciones educativas en que participa, en términos de las
posibilidades y restricciones que ofrecen para promover su desarrollo.
De esta manera, la unidad de análisis se convierte en la actividad de las
personas en contextos de práctica determinados.
No debe creerse que al hablar de cognición
situada sólo se abarca el caso de aprendizajes concretos en situaciones muy localizadas o
restrictivas, o que se excluye al pensamiento complejo o a la capacidad
de transferir lo aprendido.
Por el contrario, Jean Lave (1991, p. 84)
aclara el término de cognición situada de la siguiente forma:
Situado [... ] no implica algo concreto y
particular, o no generalizable o no imaginario.
Implica que una determinada práctica
social está interconectada de múltiples
maneras con otros aspectos de los procesos
sociales en curso dentro de sistemas de actividad en muchos niveles de particularidad y generalidad.
En síntesis, esta postura afirma que todo
conocimiento, producto del aprendizaje o de los actos de pensamiento o cognición puede definirse como
situado en el sentido de que ocurre en un contexto y situación
determinada, y es resultado de la actividad de la persona que aprende en
interacción con otras
personas en el marco de las prácticas
sociales que promueve una comunidad determinada.
En un artículo ya clásico sobre la
cognición situada, Brown, Collins y Duguid
(1989, p. 34) postulan que una enseñanza
situada es la centrada en prácticas educativas auténticas, en contraposición a las sucedáneas,
artificiales o carentes de significado.
Desde una visión vigotskiana, el
aprendizaje implica el entendimiento e internalización de los símbolos y signos de la cultura y
grupo social a que se pertenece, los aprendices se apropian de las
prácticas y herramientas culturales mediante la interacción con miembros
más experimentados; de ahí
la importancia en esta aproximación de los
procesos de andamiaje por parte del enseñante y los compañeros, la negociación mutua de
significados y la construcción conjunta de los saberes. Así, en un
modelo de enseñanza situada, resaltarán la importancia de la influencia
de los agentes educativos, que se traducen en prácticas pedagógicas
deliberadas, en mecanismos de mediación y ayuda ajustada a las necesidades
del alumno y del contexto, así como de las estrategias que fomenten un
aprendizaje colaborativo o recíproco. Lo anterior implica que en la toma
de decisiones pedagógicas y didácticas (delimitación de intenciones, selección
y tratamiento de contenidos, previsión de estrategias docentes y para el
aprendizaje, mecanismos de evaluación, entre otros) juega un papel protagónico
la consideración de las situaciones reales en las que el sujeto ha recreado,
recrea o deberá recrear el conocimiento que habrá de adquirir se en el
escenario escolar (Rigo, 2005). Visto así, la idea de una enseñanza
situada encuentra justificación en criterios como la relevancia social
de los aprendizajes buscados, en la pertinencia de éstos en aras del
facultamiento o fortalecimiento de la identidad y la agencia del alumno,
en la significatividad, motivación y autenticidad de las prácticas
educativas que se diseñan, o en el tipo de participación o intercambios colaborativos
que se promueven entre los participantes.
Cabe mencionar que, en éontraposición al
individualismo metodológico
que priva en la mayor parte de las teorías del aprendizaje o del desarrollo,
la unidad básica de análisis en esta perspectiva no es el individuo en
singular ni los procesos cognitivos o el aprendizaje "en
frío", sino la acción recíproca, es
decir, la actividad de las personas que
actúan en contextos determinados. De
esta manera, una situación educativa, para
efectos de su análisis e intervención instruccional, requiere concebirse como un sistema de
actividad, donde los componentes por ponderar incluyen, de acuerdo con
Engestrom (en Baquero,2002)
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